¿Necesito corregir mi libro?


Corrección ortográfica ¿sí o no?

Por suerte, la escolarización obligatoria y nuestro sistema educativo nos han enseñado a comunicarnos de forma eficaz entre los hablantes que formamos una misma comunidad lingüística, pero todos sabemos que eso no es suficiente para escribir una obra. La principal función del lenguaje: la comunicación, así como esa característica innata que hace diferente al autor han de conjugarse necesariamente con el cultivo de una buena escritura. Hemos de pensar que un libro llegará a manos de muchísimos lectores que tomarán, de forma inconsciente, un modelo de escritura, de ortografía, de gramática, tomando determinadas construcciones como válidas… Esta es una de las principales razones por las que es imprescindible incidir (en cualquier proceso de edición) en que un libro vea la luz, por lo menos, correctamente escrito.

Pero ¿qué significa que un libro esté correctamente escrito?

Por una parte, hay multitud de normas ortográficas, tipográficas y gramaticales que como hablantes desconocemos, bien porque las hayamos estudiado y hayan caído en el olvido con el tiempo,  bien porque, como no especialistas, tengamos todo el derecho a no saber de ellas; pero no hemos de caer en el error de creer que no existen. Pongamos algunos ejemplos al azar de los diferentes planos lingüísticos: el olvidado uso de coma en un vocativo; la facilidad con que se confunden abreviaturas y símbolos, lo que induce a su incorrecta representación; la alegre escritura de mayúsculas y minúsculas; el incorrecto uso de la cursiva, las comillas u otros recursos tipográficos restringidos cada uno a determinados contextos; el frecuente fenómeno del queísmo y dequeísmo o del laísmo y leísmo; el mal uso de infinidad de complementos verbales en una oración; la mala colocación de la raya de un diálogo, la ortografía de los nombres propios, de extranjerismos  e incluso de latinismos, etc., normas inherentes al buen uso de nuestra lengua.

Y por otra, la lengua es un organismo vivo y en constante evolución (sobre todo la parte que concierne al léxico). De dar cuenta de dichas actualizaciones se encarga la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, existiendo muchas actualizaciones que, con razón o sin ella, no conocen ni los más aguerridos catedráticos de lengua, amén de lectores con muchísima experiencia. Como por ejemplo el uso de mayúscula inicial en títulos y cargos, la acentuación de pronombres demostrativos, la acentuación de solo, el uso de mayúscula inicial en algunos accidentes geográficos, el prefijo ex, los números cardinales superiores a treinta, nombres propios compuestos, el plural en determinadas palabras terminadas en –y o de algunas terminadas en consonante, los nuevos vocablos fruto del avance en diferentes campos del saber, etc.

Además, tampoco hemos de olvidar algo muy importante, y es que aunque el propio escritor fuese un filólogo que estuviese totalmente actualizado, nunca, nunca hay que olvidar que cuatro ojos ven mejor que dos; aunque dispusiéramos de los conocimientos necesarios, la mente nos puede jugar malas pasadas por la mala costumbre que tiene de sobreleer los textos que ha escrito. Nada más que por eso, ya debiera ser imprescindible que otra persona nos revise el libro, y si además es filólogo mejor, y si encima se dedica profesionalmente a corregir libros, disponiendo de las herramientas necesarias para poder llevar a cabo su labor, eso ya es todo un lujo.

Sí, quiero corregir mi libro.

Llegar a esa conclusión no es fácil, el ego de todo escritor intenta por todos los medios evitar que su libro sea corregido, y ni mucho menos admite que le marquen cambios, o errores, pero mejor no usar esa palabra para no herir sensibilidades. Cuando ya hemos asimilado que una corrección de un filólogo experimentado no implica que seamos incultos, tontos ni poco formados podemos ir al siguiente paso:

¿Y entonces, quién me corrige el libro?

Tradicionalmente han sido las editoriales las que se han encargado de las correcciones de los libros, pero hoy día los autores están confundidos porque se encuentran con infinidad de “editoriales on-line” que no corrigen sus libros, ni creo que pudiesen hacerlo. En muchas es opcional. ¿Cómo puede ser opcional que mi libro pase de ser un manuscrito a una obra bien terminada, estructurada, redactada y ortogramaticalmente correcta? Además, también existe la posibilidad de colgar los libros que uno escribe directamente en la web para ponerlos a la venta como si con eso “ya tuviésemos un libro publicado”, nada más lejos de la realidad. Un libro publicado es sinónimo de arte, esfuerzo y dedicación, y eso no se consigue colgando lo primero que nos sale del Word.

Autopublicación Vs Editorial


¿Mando mi libro a una editorial o me lo autopublico?

Tradicionalmente la única posibilidad de editar un libro siempre ha sido el mandar una copia del manuscrito a varias editoriales con la esperanza de que le gustase a algún editor.

Casi siempre ha sido una batalla perdida para el escritor desconocido, muchas puertas visitadas y muchas ilusiones perdidas. Un pequeño porcentaje de los que se presentan pasan a formar parte de la gran familia de más de 60.000 libros que se publican al año en España.

Actualmente, han aparecido más jugadores en la partida: Editoriales on-line, digitales, “de Internet”, muy accesibles para todos los autores, especialmente para los noveles. En las que podemos enviar nuestro libro y, automáticamente, es publicado, en ese momento ya podemos decir que “hemos publicado un libro”, unas veces sin ISBN, otras con él. También podemos comprarlo (siempre on-line).

Quizás no me corresponda a mí opinar sobre las editoriales “on-line” por no haber montado alguna todavía, cosa que no descarto, pero sí puedo hablar sobre qué puede ofrecerme una Editorial, digamos, tradicional.

  • En primer lugar, es muy discutible el filtro que establece si mi obra es buena o no, todo depende del público al que se le enseñe. Pero lo que no se puede obviar es que no existe obra en el mundo que no precise de una revisión ortotipográfica por muy buenos que seamos escribiendo, o muchas carreras que hayamos terminado. Bien sea por actualización de la lengua, organismo vivo y en constante evolución; bien porque escribir de noche nos puede jugar una mala pasada o simplemente porque hay cuestiones que, como en cualquier otro campo, un especialista en la materia nos puede enseñar y ayudar a pulir nuestra obra. En cualquier caso, siempre se necesita una buena revisión por otros ojos distintos de los nuestros. Además, un buen editor siempre puede guiar al autor y recomendarle cambios que hagan que su obra gane calidad.
  • En segundo lugar, y no menos importante, por mucho que nos cueste asumirlo, el “Word” no es un programa de maquetación de libros, es un programa que viene muy bien para componer el texto que queremos, posteriormente realizar búsquedas, cambios, imprimir bocetos, etc., pero los resultados obtenidos con un libro maquetado usando programas profesionales como Adobe Indesing o Quark Xpress, y de manos de maquetistas profesionales, no se pueden comparar, por muy bien que me haya quedado el boceto en “Word”. Referido a este último punto, y con la llegada de los libros digitales, podríamos pensar que ya no es necesario maquetar un libro, puesto que en los e-readers el texto no va formateado ni con adornos, pero nada más lejos de la realidad: el impacto del libro digital frente al libro en papel es simbólico, dependiendo del tema varía entre un 0,5 % y un 7,5 % según las últimas ponencias sobre libros digitales en Ficod y, aunque la tendencia es de crecimiento, por supuesto, todavía convivirán muchos años los libros de papel con los digitales.
  • Y, finalmente, cuando ya tenemos nuestro libro corregido, revisado, maquetado y muy bonito, hay que venderlo y en esto tienen mucha experiencia las editoriales “tradicionales”, ya que el gran problema de una editorial es que si no se venden sus libros, estos acaban por costarle mucho dinero, ya que, entre otras muchas cuestiones, el espacio en los almacenes no es barato. Y por ello, están constantemente buscando un nicho de mercado en el que colocar los libros de los que disponen para que estén accesibles al lector y se puedan vender. Gracias al gran auge de Internet se están igualando las posibilidades de venta a través de Internet de las editoriales pequeñas, frente a las Grandes, que tienen copado el mercado los grandes almacenes. Hoy en día es posible comprar un libro en cualquiera de las cientos de librerías on-line existentes en el mercado con envíos en 24 horas (www.agapea.com) e incluso con los portes gratis (www.librolibro.es)

Sí es cierto que con la entrada del libro digital todos estos planteamientos son distintos (salvo la revisión ortotipográfica), pero todavía no tenemos que pensar exclusivamente en digital cuando la implantación es tan baja (hoy, mañana será el doble y pasado más), sin dejar nunca de ver la evolución los libros digitales, para aprender y adaptarnos.

Cada uno debe sacar sus conclusiones, pero no debemos dejarnos engañar por las nuevas tendencias y las modas. Siempre hay que abrazar el futuro, pero teniendo los pies en la tierra y utilizando las herramientas – empresas que nos rodean para conseguir, de la manera más eficiente,  nuestro objetivo, en este caso: publicar un libro.